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NOSOTROS

Nuestra Historia


Todo comienza a partir del año 1609, gracias a la fundación del hospital San Juan Bautista realizada por el minero vizcaíno Juan de Zavala, quien decidió solicitarle al Prior de los juaninos Bruno Dávila que se hiciera cargo del hospital, el cual daría atención medica a todos por igual, tanto indígenas como españoles.


A raíz de la encomienda realizada por Zavala, y de la aceptación por parte del virrey Luis Velasco y del obispo de Michoacán Fr. Baltazar de Covarrubias, los frailes Alonso Pérez y Andrés de Alcázar fueron los asignados a la construcción de las enfermerías, oficinas y su lugar de vivienda.


Quien llegaría poco después a realizar la construcción de la iglesia sería el Prior fray Tomás Barrutia, el mismo solicitaría permiso para pedir limosna para subsidiar los gastos resultantes de la ayuda brindada a los enfermos; Pese a que el numero de usuarios del servicio medico se incremento y que las limosnas decrecieron debido al trabajo entorpecido en las minas del Cerro de San Pedro, esto no fue impedimento para que la labor durara más de dos siglos.


Por 1811 el padre fray Felipe Sánchez quien era medico y administrador, se dedicó a restaurar la iglesia que se encontraba en un estado muy deteriorado, logro hacer dos altares nuevos y componer las bóvedas en ruinas, terminando su ocupación la orden de los juaninos seria suspendida y tanto el hospital como la iglesia pasarían a manos del Ayuntamiento en 1827.


El Ayuntamiento a su vez le encargo al clero diocesano que se hiciera cargo de San Juan de Dios, y entonces el padre Pedro M. Castro continuo con los arreglos a la iglesia, él es quien comisiono a Jesús L. Sánchez que hiciera la decoración interior de estilo renacentista.


Tras las remodelaciones, el templo abre sus puertas al público en 1899. Y para 1902 con la llegada de los frailes dominicos quienes ya se hacían cargo de la capilla del Rosario también pasan a hacerse cargo de San Juan de Dios hasta 1979, es por esto que a su partida la iglesia conservo el nombre de Templo de San Juan de Dios y Nuestra Señora del Rosario.


Presbítero Carlos Jorge García Noyola


La misión que he tenido en mente desde mi llegada al Templo de San Juan de Dios, es la de reconstruir y renovar el sitio tanto como me sea posible. Sobre todo, para seguir transmitiendo el ejemplo de la caridad a través de los servicios gratuitos que se ofrecen a los más necesitados, pues algo que caracteriza a esta iglesia es el trato con la gente siempre desde la justicia, la humanidad, la hospitalidad y el respeto individual que todos merecen más allá de su nivel socioeconómico.


Todos somos hijos de Dios.

Donaciones


Incluso las más pequeñas donaciones pueden marcar una gran diferencia cuando se combinan con las de otros.
Recuerda que la donación no solo se trata de dinero, también se recibe gratamente:


🔴 Ropa y Zapatos (En buen estado - No rotos y no sucios)
🔴 Alimentos que no sean perecederos
🔴 Productos de higiene (No abiertos, usados o caducados)
🔴 Medicamentos (En buen estado - No caducados)
🔴 Juguetes y Libros (En buen estado - No rotos y no sucios)
🔴 Muebles, aparatos electrónicos, entre otros (En buen estado - No rotos y no sucios)


Importante que sepas que tus donaciones son usadas para la reconstrucción y mantenimiento de la iglesia, para el bazar de artículos, para el dispensario o bien para el armado de las despensas.


Puedes entregar tu donación cualquier día de la semana en un horario de 7:00 am a 7:00 pm, directamente con el Padre Jorge o bien en la oficina de administración del Templo de 10:00am a 6:00pm. Todo suma a una causa mayor, la cual es, ayudar al prójimo y mantener en buen estado la casa de Dios.


"El que da al pobre no conocerá la indigencia, pero al que cierra los ojos lo llenarán de maldiciones."
(Proverbios 28, 27)

Despensas


Gracias a que la feligresía decide donar de corazón mes con mes una diversa cantidad de artículos básicos, es por lo cual el Templo de San Juan de Dios puede darse a la tarea de armar y organizar despensas que puedan ayudar a aquellos que más lo necesitan.


Si quieres saber más acerca del proceso por el cual puedes obtener tu despensa, es necesario que visites el dispensario médico ubicado al lateral del Templo, ahí la enfermera a cargo será la indicada para decirte los pasos a seguir. De igual modo, si conoces a alguien que verdaderamente necesite el apoyo coméntale sin problemas.


Las despensas se entregan cada primer viernes de mes de 9:00 am a 1:00 pm. No olvides que esta forma de apoyo se realiza de manera desinteresada con la finalidad de brindar a la comunidad un servicio gratuito del que puedan disponer aquellos que no cuentan con suficientes recursos.


“Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?
Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad.”
(1 Juan 3, 17-18)


Dispensario


Si ya leíste nuestra historia, sabes que los orígenes del Templo lo vinculan fuertemente al servicio medico gracias a que los juaninos fundadores eran quienes llevaban la labor de atender a los enfermos en el hospital San Juan Bautista (actualmente el museo Federico Silva).


A día de hoy, estamos muy agradecidos con el personal médico que voluntariamente han decidido ofrecer sus servicios de manera altruista en el dispensario, para que la población aledaña pueda encarar la falta de acceso a recibir una consulta medica y así mismo a poder conseguir medicamentos que para muchos otros no representan un impedimento económico.


Los horarios de consulta son:
Martes de 9:00 am a 1:00 pm
Jueves de 9:00 am a 1:00 pm y de 4:00 pm a 7:00 pm.


Recuerda, tanto la consulta como los medicamentos son gratuitos, si conoces a alguien que este pasando por un momento difícil y no tiene acceso a la salud básica, menciónale que en el Templo de San Juan de Dios la ayuda es siempre caritativa.


“le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios”
(Marcos 1, 32-34)